Eran dos ojos muy grandes acercándose
los dejé por ahí como si nada como si no me ahogaran.
Si los hubiera guardado se hubieran vuelto ciegos
los dejé ir y se volvieron ávidos.
Salgo y la puerta es un rectángulo,
cuantas veces sea que pase
es un poco también mi culpa
un poco por lo que entiendo
que es tener que ir
por un sachet de leche
cuantas veces sea.
La vaca no interfiere.
Otra vez duermo cerca del piso
viajo hacia el centro, por unos días
estuve buscando algo
y llega un pan que huele a lento
desgranándose
un músculo tibio
un cálculo repitiendo el sonido
de las gotas sobre la lengua
una flor desconocida y lejana
destejiendo la vocación,
el apuro.
No hay comentarios:
Publicar un comentario