Otra vez una y otra vez.
Las nuevas viejas partículas cortantes no debieran herirte.
El cristal está tan limpio y tu sangre tan roja, tan nueva. No sabré tener el sabor hundido en el centro de la lengua.
Me desvanezco no lo quiero.
Yo tengo un amor con barba tengo la siembra el calor, el frío y el estirar de pies.
Toco sus pies y duermo.
Y sé que el que madrugua,
se lleva un pedazo del otro
prendido-
encendido, en la solapa.
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